Sillería del Coro Alto

Las Órdenes masculinas tienen casi siempre el coro en las respectivas Capillas Mayores, dónde se congregan sus miembros. Fue el artista tallador Machim el que originalmente se encargó de su construcción en 1513.

Por la necesidad de dar digna sepultura a los dos Reyes de Portugal, cumpliendo la voluntad del Rey D. Manuel, que deseaba construir los majestuosos mausoleos en la Capilla Mayor, se resolvió que se mudase la sillería al Coro Alto. 

La adaptación de la sillería sucedió en 1523, obra del maestro Francisco Lorete, procurando respetar y dar continuidad al trabajo de su antecesor Machim.

Los símbolos más expresivos representados en la sillería narran la epopeya marítima. Las esferas armilares en el velamen de las carabelas y en los respaldos de la sillería de arriba, los escudos y blasones portugueses y otros detalles verdaderamente nacionales son indicio claro del momento de gloria y euforia nacional que en aquella época se respiraba por todas partes.

Cada bajorrelieve representa un episodio de las conquistas y los descubrimientos. En algunos, aparecen navíos, ciudades, fortificaciones, etc... representando la epopeya marítima.

A propósito de los descubrimientos, aparecen en esos bajorrelieves nuevos ejemplares de navíos diferenciados entre sí. Las velas en su mayor parte llevan el emblema con la esfera armilar y la Cruz de Cristo.

Un detalle del estante de la sillería son las estatuas que lo sostiene. Son representaciones de los gobernantes (figuras de Reyes), de los guerreros (figuras de soldados) y de los esclavos y prisioneros.

La distribución de los "cruzios" en las funciones corales seguía reglas bien definidas. Los "capitulares" se colocaban en las sillas de arriba, mientras que los "escolares" y los "novicios" se sentaban en las sillas de abajo. La primera silla quedaba reservada a un huésped ilustre y "sagrado". Los maestros de los novicios, los cantores y otros ministrantes del oficio divino también tenían lugares reservados, compatibles con las funciones de cada uno. Otra de las funciones, aunque menor, era la del "versiculario", que era el encargado de girar las hojas de las antífonas y los versículos en medio del coro, a lo que los cantores de la semana correspondían entonando los salmos e himnos.